domingo, 28 de diciembre de 2014
Y podría empezar con una lágrima, con un grito, con una serie de reproches sin sentido. Podría empezar por el final, por la culpa siempre recayendo en todo lo ajeno a vos, por la lluvia y el paraguas que no te gusta compartir. Y podría contarte que es horrible, que no puedo hacer nada sin pensar en tu opinión que sin embargo ignoro, porque no te conozco. Porque casi dos décadas llevamos bajo el mismo techo y sin embargo no te conozco. Porque no me dejás, y porque lograste así que no deje a nadie conocerme. Porque a nuestro pesar soy tu reflejo, todo lo que en vos negás. Y podría pedirte perdón, pero, ¿por qué? Si esta evasión de la responsabilidad la heredé de vos, si es más fácil culparte de todo a vos. Si total, nos queda cómodo. Si para vos soy yo y para mí sos vos. Si ya está, si no te importa. Si todavía llueve y no te mojás porque el paraguas es sólo tuyo. Si trato, te juro que trato. Pero qué voy a hacer si me tocó un paraguas defectuoso, si moja más de lo que tapa. Si mientras más fuerte llueve más se desarma. Y si no puedo, si intento y no puedo. Y tropiezo y no puedo. Y no te importa, y no te importo. Porque así es más cómodo. Y a veces llueve demasiado fuerte, pero no importa. Porque no duele, porque no importa.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario