Quizás, no todos encontremos una luz al exhalar nuestro último respiro. Quizás lo que vemos en ese instante es un reflejo de nuestra alma, y precede una eternidad condenados a vivir en nuestra esencia. Así, las almas atormentadas están destinadas a vagar eternamente en la oscuridad que es el mayor tormento de todos. ¿No explica esto por qué solo ellas vuelven? Encadenadas a nuestro infierno, no encuentran la salida, porque para ellas no existe otra realidad. No todos encuentran la salvación en la mortalidad. No todos encuentran la luz.
Pero, ¿y qué si esta eternidad es determinada por el último instante en el que nuestra alma está arraigada al cuerpo? ¿qué si un instante de claridad absoluta puede contrarrestar toda una vida en las tinieblas, destinando así a este ser a la paz eterna?
Si todo esto es cierto, y los vagos pensamientos que se encuentra esta miserable alma en la madrugada encontraron la verdad, si un final puede determinar una historia eterna; mi mayor honor sería desenvainar mi espada y luchar contra todos tus demonios, y atravesar todos los obstáculos que deba si así puedo liberarte de las cadenas que no te dejan separarte de las tinieblas. Ya que, en el instante en el que mis ojos te divisaron, las mías se disiparon por completo.