sábado, 2 de agosto de 2014

El vientre a todos por una escasez nos reprocha.

Hambre de letras.
Hambre de melodías.
Hambre de frío.
Hambre de calor.
Hambre de distancias,
hambre de cercanías.
Hambre de plenitud,
hambre de decadencia.
Hambre de seguridad.
Hambre de miedo.

Segunda reflexión infinita.

Me pregunto si algo tendrá sentido. Me respondo que todo lo tiene: su carencia lo conforma. Corremos en círculos porque es nuestro propósito, y mientras lo hacemos no percibimos la tierra que con nuestro paso se remueve. Y, poco a poco, paso a paso, nos acercamos a lo que bajo ella yace. Quizás la eternidad no nos baste para encontrarlo, o quizás en nuestra ignorancia ya lo poseemos. Pero existe también la ínfima posibilidad de que nuestro recorrido fuese nuestro destino Quizás sean infinitos, y no círculos, los que dibujamos al andar. Quizás la vida no sea más que eso: un mismo camino, recorrido por distintos pies. Uno eterno y constante, que sin embargo re-descubrimos con cada paso.
Al fin y al cabo, ¿qué importa si se nos olvidan los zapatos, y nos ganamos algún que otro raspón? El goce de un par de pies descalzos al rozar la hierba húmeda lo vale todo.