En un mundo donde la oscuridad reina, donde las lágrimas se rehúsan a caer frente a ojos ajenos, donde los demonios se disfrazan de ángeles, y la luz es tan efímera que se desvanece antes de que la sepamos apreciar. Una buena acción es extraordinaria. Los vientres hinchados de comida que no deseamos nos impiden ver a quienes mendigan bajo nuestras mesas. Las marcas que las ropas que nos incomodan dejan en nuestra piel nos delatan. Una infinidad de ojos cansados se reencuentran diariamente sin conocerse. Vivimos todos en mundos diferentes, y sin embargo, nos encontramos respirando el mismo aire. Nos dejamos engañar y nos evadimos, porque enfrentar la realidad resulta imposible.
En un mundo así, en el que nadie nos preguntó sí queríamos habitar y que sin embargo no podemos abandonar. ¿Cuántos logran derrotar a sus demonios por cuenta propia? ¿Quién no necesita una mano que lo ayude a mantener el equilibrio en está cuerda que cada vez se vuelve más floja?
¿Quién no necesita ayuda?
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