Esta noche la oscuridad es mi prisión. Mi última dosis de esperanza se escapó con la despedida de lo que creí que sería mi salvación. Ambos se alejaron, tomados de la mano, sin decirme adiós. Las lágrimas intentan, en vano, limpiar el desastre que su partida causó. La oscuridad me ahoga, me sofoca. Mis demonios me acorralan y libran contra mí en una batalla que no tengo posibilidad alguna de triunfar. La oscuridad me ciega y me invita a vivir en ella. Como si no existiera nada más que la profunda negrura de su esencia. Pero, aún en las mas profundas tinieblas, e incluso aún en esta noche mas oscura que cualquiera de ellas; una tenue luz se enciende con el arribo de tu alma. La melodía de tu ser me invade e ilumina mi entorno. Lo invade todo de colores y me demuestra que la pseudo-obscuridad no era más que la venda de la desesperanza limitando mi visión. Me enseñaste los mil y un colores que puedo formar con lo que la vida me otorgó. Me regalaste paz. Me regalaste esperanza en forma de canción. La luz de tu voz me guió a mi camino de vuelta a lo que en verdad soy. Esta noche te convertiste en mi ruiseñor. Aún ciega seguiría el eco de tu voz, porque es el único en el que encuentro bienestar. Esta noche dejo que tus alas me reconforten y me protejan del exterior. Porque lo necesito. Porque afuera está repleto de demonios destrozando almas frágiles sin piedad. Y sin tu compañía no sé enfrentarlos. Esta noche en tu voz encuentro mi salvación. Que tu voz me invada de paz hasta cerrar mis ojos y encontrarte en mis sueños. ¿Te gustaría ser mi ruiseñor?


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